¿Qué hay más dulce que un amén mirando a Dios? P. 327
María Emilia, ¿por qué dices que es dulce un amén, cuando hay “amenes” tan amargos, tan dolorosos? ¿dónde está el secreto para gustar esa dulzura exquisita de la aceptación de la realidad como es y no como nos gustaría que fuera?
¿Cómo encontrar la paz, la suavidad cuando el corazón está lleno de preguntas o de quejas?
Escucho que me dices que la clave es mirar a Dios y dejarme mirar.
La vida de Jesús, hecha AMÉN, hecha disponibilidad absoluta es el secreto que María Emilia supo intuir y gustar.

Elisa Mármol, mss

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