Es muy fácil perderme en los asuntos cotidianos, que sin darme cuenta hace que abandone lo esencial en mi vida.
Me pongo a meditar que cuando encuentro interés en algo o alguien ¿No me invade su pensamiento a menudo?.  ¿No me hace falta cuando no está a mi lado?.  ¿No es maravilloso pasar el tiempo con aquellos que amo? …Es tiempo de regocijo y encantamiento, tiempo el cual espero ansiosamente.
 Y así surge en mi interior la necesidad de ir a quien nunca se cansa de buscarme y darse todo a mí,  de poner en sus manos mi rutina, mis planes, alegrías y tristezas, sueños y temores; en fin, ofrecerle mi silencio y escuchar su mismo corazón.
Al verme frente a Jesús Eucaristía, noto que no fue mi propio impulso que me llevó a tan bella presencia, sino esa Fuerza, Aliento Divino, su mismo Espíritu, que me hizo sedienta de quien es Fuente inagotable.
Sí, así debió sentir María Emilia al estar en íntimo encuentro con el Amor de los Amores, y que le inspiró decir: Sentí mucho la presencia Divina. Estas como inmutable. No sé qué es lo que noto; creo que es, que Él está en mí. No debo tener miedo, Jesús tiene mi corazón.
María Emilia, ante una adversidad en su vida, ante un desafío de lo que implica seguir a Jesús, también debió escuchar aquella voz en su interior: “Yo estoy en ti, no debes tener miedo, Yo tengo tu corazón”
Y estoy convencida que Jesús me lo dice con firmeza, cuando le contemplo en el Sagrario y le contemplo en la misión que me confía:
 “Yo estoy en ti, no temas, yo tengo tu corazón”.

Buen Jesús, siempre llámame a estar en tu presencia en cualquier circunstancia. Que mi relación contigo sea siempre dinámica y transformante, genuina, y llena de gozo del saber que
¡estás conmigo y tienes mi corazón y así nada temer!

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