La mirada, la clave. 
Cuando alguien está enamorado/a no puede apartar la mirada de quien ama, además los demás ven el brillo en sus ojos, un resplandor característico, indiscutible, se sabe que esa mirada es de alguien que está enamorado/a. 
Cuando se mira a Jesús nuestros ojos deben brillar. Él debe ser el gran amor de nuestras vidas. En el amado se encuentra todo lo necesario para caminar día a día, en Jesús lo tenemos todo. Existe el riesgo de mirarnos a nosotros mismos y cuando ocurre eso, por lo general nos perdemos. Cuando apartamos la mira del Señor nos alejamos del amor para centrarnos en el egoísmo, primero yo, segundo yo y tercero yo. Dios siempre nos espera y en ese regresar a Él, experimentamos el consuelo, la luz y la paz.

Fernanda Cereceda García

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