Me decía Dios
-¡AMA!
¿Cómo?
Dulcemente como la caricia de una madre. Generosamente como la lluvia que derrama su agua a todos los seres sin distinción. Calladamente, sin ruidos, como la brisa que calma el alma y te ayuda a percibir que necesitan a tu alrededor. Humilde, como el Niño que depende de la Virgen. Siempre me recreo en los sencillos.

Nuria Molinero-Rosales – MEL

 

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