XXVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Evangelio: Mc 10, 2-16

Nuestra incapacidad para entender los planes de Dios nos hace querer adaptar La Palabra de Dios a nuestra propia conveniencia y fabricarnos un «Dios a nuestra medida» que nos exija menos de lo que estamos dispuestos a dar.

De esta forma pasamos de puntillas por muchas de sus llamadas engañándonos a nosotros mismos. ¿Cómo podemos curar esta incapacidad?

En la adoración y la oración continuas, en el trato con Dios, parándonos a escucharlo con verdadera disposición para querer entender. Él siempre habla claro, pero hay que saber escuchar y querer escuchar.

Por esto mismo nos dice Jesús que si no somos como niños no entraremos en el Reino de los Cielos. Solo hay que ver a un niño cuando quiere algo o está con alguien a quien quiere para comprender esto: esa total dedicación y esa total confianza que depositan en aquello que para ellos lo es todo y de lo que jamás quieren separarse («Mi Dios y mi Todo. En Dios todo lo encuentro, sin Él nada quiero, Él me satisface plenamente«. MER). Dios lo hace todo nuevo para nosotros todos los días, para que con ojos de niño, todos los días, podamos empezar nuestro camino.

Mª Carmen Liébana Martos, mel Granada